Son las 5 AM del día de mi cumpleaños. Vi la luz y me angustia no poder volverme a dormir. Tengo clase de 10 y ¿qué putas hago despierto? Me llena una angustia y una sensación de impotencia que nunca había sentido en un cumpleaños, me pregunto cómo mi existencia ha sido relevante para mis sueños y para el mundo. Para mis sueños mi existencia ha sido casi que banal y para el mundo he hecho muy poco. Escribo esto para desahogarme pero lo comparto porque creo que es hora de levantar el culo y gritar. Es hora de salir del closet. Es hora de cambiar el mundo. Es hora de cambiar nuestra forma de actuar mediocre y asumir nuestro deber como jóvenes, aferrarnos a nuestro espíritu crítico e irreverente y movilizarnos, politizarnos, tomar posición activa. A diferencia del sexo con penetración en el que uno culturalmente puede ser activo, pasivo o versátil, para cambiar el mundo solo se puede ser activo, no semiactivo en un la “puntica no más” poniendo un tweet de vez en cuando o ponerse una etiqueta en la Universidad de Los Andes.
Con lo que digo no busco desmeritar lo que hemos logrado como Círculo, solo digo que es muy poco para las necesidades que cada día empeoran y nos conformamos con un “Sí, que cagada… Hay que mejorar las cosas… Si puedo hacer algo me avisan”. Es la hora de liderar, el mundo no se cambia con intenciones sino con acciones. Tomar posición política, sin defenderla con acciones y movilización social, es tan irrelevante como no tener posición política… Como dice el dicho: Es como tener la mama, pero muerta.
Ahora que los conservadores se organizan con firmas para proyectos de ley que prohíben el aborto, contraproyectos sobre matrimonio entre parejas del mismo sexo y adopción, es el momento para movilizarnos socialmente. Hay que mover masas no solo para cambiar la ley que, a veces, resulta una lucha inocua. Hay que moverla para un cambio trascendental político y cultural donde todos quepamos, Colombia debe empezar a pensar en forma de diversidad e igualdad.
Yo no creo que el mayor problema en Colombia para la población LGBT sea la desigualdad y el déficit de derechos. El mayor problema es la excesiva pasividad de la comunidad LGBTI que siempre está presente para emborracharse y bailar pero muy pocos tienen compromiso político y consciencia social. Ojo, no estoy diciendo que rumbear sea malo, seria tener doble moral. Esta “perra mayor”, como varios me llaman por tener libre acceso a mi propia libertad sexual, es la más aguardientera de todas. El problema es que siempre le sacamos el culo al activismo en las calles, en los salones, en las familias, en especial cuando se trata de actuar como grupo. Es hora de cambiar el “no fui porque me moría del guayabo”, el “no tengo tiempo, tengo parcial… Güevón, marica metí como 100 creditos”. Es hora de, no solo unirnos, sino convocar a eventos simbólicos, gritar en las calles, contagiar de alegría y de ganas de cambiar al mundo a todo el mundo. Los derechos no llegan solos, si lo hacen con el esfuerzo de pocos, disfrutarlos carece de toda legitimidad.
Matías González Gil
Presidente Círculo LGBT Uniandino
Período 2011-1

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